Frente a lo Desconocido

El sistema nervioso humano no es un sistema cerrado. Está hecho para adaptarse a un mundo cuya única constante es el cambio. Aunque los sistemas cerrados cuentan con la ventaja de más estabilidad son incapaces de reorganizarse si las condiciones externas cambian. No sobreviven.

En cambio, nuestro sistema nervioso cuenta con un enorme potencial de adaptación. Somos capaces de hacer frente a todo tipo de cambios mediante la herramienta más avanzada de la evolución: el aprendizaje y, en el nivel evolutivo más alto, la toma de conciencia.

Entendemos el aprendizaje en un sentido amplio, como incorporación de algo nuevo en nuestra vida. Puede ser de forma conciente o no. Naturalmente hay diferentes niveles de conciencia en todos los procesos.

Incluimos como forma de aprendizaje también el famoso condicionamiento que llevó a cabo el fisiólogo ruso Pavlov con el perro que segregaba saliva solo al escuchar la campana en anuncia de comida. Pero es un tipo de aprendizaje primitivo, con poco potencial de adaptación a variables.

El sistema nervioso humano está ‘diseñado’ para aprender, y lo hace con suma versatilidad. El aprendizaje más importante es el ‘orgánico’ (psicomotor) porque nos provee de la base somática del desarrollo de todas las competencias futuras.

El Dr. Ph. Moshé Feldenkrais asocia incluso la calidad de vida de una persona al desarrollo de sus competencias para aprender porque es justamente el

aprendizaje lo que le permite a la persona la adaptación cada vez más precisa y armoniosa a todo tipo de cambio en su situación de vida.

Una de las máximas interferencias en la adaptación adecuada a circunstancias dadas son las creencias. Todas las creencias son generalizaciones y por eso necesariamente una reducción. Ninguna generalización se ajusta a la realidad porque no puede sustituir el elemento de la percepción conciente y subconsciente directa de todo lo involucrado en la situación. Esta percepción da pie a la actividad de inteligencias múltiples de otros cerebros aparte del craneal como por ejemplo los complejos nerviosos del corazón, del plexo solar y del sistema digestivo (Nervio Vago). Ninguna creencia puede reemplazar la colaboración en tiempo real de estos centros de inteligencia para encontrar la respuesta precisa, justa y adecuada al momento presente, una y otra vez en el presente.

Feldenkrais sostenía: ‘detrás de cada generalización se esconde una neurosis’. Él definía como tal el hecho que una persona hace lo contrario de lo que quiere ¿Cómo ocurre esto?
La creencia preestablecida condiciona la percepción de la persona e impide el ajuste adecuado a las necesidades del momento con el resultado que la respuesta o la acción elegida no concuerdan con la verdadera intención del individuo en cuestión. En consecuencia puede producir un desenlace que evoca todo lo contrario de lo intencionado inicialmente.

Qué necesitamos para disponer nuestro sistema de forma óptima para estar preparado para el tarea de aprender y llevarla a cabo con fluidez y facilidad? Es primordial para nuestro organismo sentirse seguro. Cuando nuestra seguridad está en juego lo primero que vamos a hacer es lo que sea necesario para volver a sentirnos seguros lo antes posible. Y el primer paso es encontrar orientación. El método Feldenkrais ofrece un sistema de referencia a nivel de organización física para poder orientarse y refinar el ‘modos operandi’ frente a lo nuevo o desconocido. Es un camino que entrena a la persona a darse cuenta dónde se encuentra en cada momento, interna y externamente. Esto le provee de medios que le permiten primero encontrar una cierta comodidad frente a lo desconocido; es decir desarrollar un lugar desde donde es posible abrirse a una nueva experiencia. Si ésta tiene un sentido significativo para la persona, será altamente probable que integre lo nuevo espontáneamente en su vida cotidiana.

Cabe mencionar aquí que hay corrientes homeopáticas que aducen que nuestra capacidad de abrirnos a nuevas experiencias e integrar nuevos principios en nuestra vida es la base de nuestra salud como humanos.

En resumen, la capacidad de exploración, la curiosidad, la disposición a abrirse a nuevas experiencias y el aprendizaje constante son imperativos biológicos irrefutables y características esenciales de un ser humano sano e integro, más allá de su origen, sexo, edad o contexto sociocultural. Y como tal estos atributos se merecen un lugar de excelencia en nuestra vida.
(por Phil Unseld © 2013)

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